Ellos, embriagados de ternura,
dejaron sus cuerpos rodar
por valles y colinas
explorando las fuentes
atesoradas en si
desde el origen del mundo,
asi descubrieron
sorpresivamente
el placer
y por vez primera
experimentaron
que la plenitud es posible.
Ellos, en esa tarde de Domingo,
fueron en verdad uno.
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